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YUSUF AL-KUMI:

La regla principal de vida de Yusuf era la de los  Malamíes  cuya máxima esencial era la “ocultación a los ojos de los hombres la perfección espiritual bajo una apariencia de imperfección moral”.

Escribe Iben Arabí; “el me amaba pero no lo demostraba si ni que me apartaba de si intimidad, incluso me reprendía a veces con insultos  e injurias”; sin embargo salí con éxito  del noviciado.

Yusuf  obigaba la imposición al novicio de un “combate ascético”, el maestro lo ejercía con todos lo novicios personalmente.

Iben aprendió la solución a  muchas experiencias vitales y espirituales.

Iben Arabí , le consultaba todas las cuestiones para que se las resolviera al maestro Yusuf, cuyas sentencias místicas fueron muchas en número, y llegó  en más altura en la unión con Dios, según Iben.

 

SALIB AL-ADAWI:

Este hombre era un conocedor  por Allah, dedicándole a El todo lo que hacía, y recitando el Corán en todos los momentos del día y de la noche.

Salib era un maestro sin relaciones con personas.  Nunca dejaba nada para el día siguiente y no aceptaba nada que excediera lo justo y necesario, tanto si era para él como para los demás. Pasaba la noche en la mezquita de Abú ‘Amir ar-Rutundalî, el recitador del Corán.

Fui discípulo suyo durante varios años, en ellos me dirigió tan pocas veces la palabra que casi podría contar sus palabras.

Mantenía una relación especial con nosotros y con frecuencia nos dirigía sus meditaciones, de lo cual obtuvimos un gran beneficio espiritual. Por lo que a mí respecta, me anunció muchas cosas que, más tarde, resultaron totalmente justas.

“El conocimiento habla, la sabiduría escucha”