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“El movimiento, el viaje, es inherente a todo lo vivo”.

Iben Aramí nació en Murcia en el año 1165 y murió en Damasco en el año 1240. De padre Murciano y madre bereber. Se trasladó con su familia a Sevilla a la edad de 7 años. Sus estudios literarios juveniles transcurrieron entre Lora del Río y Carmona.

Su familia es acogida por el  rey almohade Yahya ben Ganiya (Taifa de Córdoba). Allí, en Córdoba, el padre de Abenarabi se hizo amigo íntimo del célebre filósofo y médico Averroes, que entonces acababa de ser nombrado gran *cadí* de Córdoba. * (es un Juez de los territorios musulmanes, que reparte las resoluciones judiciales en acuerdo con la ley religiosa islámica-la sharia).*

Los múltiples encuentros entre Averroes y Aben Arabi entrecruzaron las dos vías distintas de los musulmanes de su época para conocer la Verdad: la de la razón (Averroes) y la de la mística sufí (Aben Arabi).

Fueron sus guías espirituales iniciales dos mujeres, Shams de Marchena y Fátima de Córdoba, de las cuáles el sabio habla en uno de sus 400 manuscritos:

” Shams vivía en Marchena de los Olivares, donde yo iba con frecuencia a visitarla. Entre los hombres espirituales, nunca he conocido a nadie que tuviera semejante dominio de su alma. Sus prácticas y sus revelaciones eran realmente notables.

Probablemente fue de Shams de quien aprendió el poder de “expresar los pensamientos de los demás” (telepatía), así como los dones de la clarividencia, la premonición y hasta la *bilocación. * (Es el término utilizado para describir un  fenómeno paranormal sobrenatural o , según el cual una persona u objeto estaría ubicado en dos lugares diferentes al mismo tiempo)*.

“Cuando conocí a Fátima, ya tenía 90 años y se alimentaba como un amendiga. Fátima fue quien designó con toda claridad sus cualidades como él mismo relata en la biografía de su maestra:
“Los otros vienen a verme con una parte de ellos mismos, dejando en sus casas la otra parte; mientras que mi hijo Ibn Arabí es un consuelo para mí, él es la frescura de mis ojos, porque cuando viene a verme, viene todo entero; cuando se levanta, se levanta toda su persona y cuando se sienta, se sienta con toda su persona. No deja nada de sí mismo, en otra parte. “

El propio Ibn Arabí describe una fase juvenil de vida despreocupada, de baile y amaneceres, anterior a su iniciación en el sufismo, que él llama su “entrada en la Vía” en el año 1184.

Aún muy joven, Ibn Arabi contrajo matrimonio con una sevillana, Maryan bint Muhammad ibn Abdun, quien favoreció la preferencia de su marido hacia la vía del sufismo. Comenzó su vida viajer comenzando por El Andalus, El Cairo y Jerusalén, en La Meca, Bagdad, Mosul, Konya (ciudad de la actual Turquía) y por último, Damasco.

Su obras más conocidas son: Fusûs al-hikam (Los engarces de las sabidurías), Al-Futûhât al-makkiyya (Las iluminaciones de La Meca) y Taryumân al-ashwâq (El intérprete de los deseos). Se le conoce como “El más grande de los maestros” o “El vivificador de la religión”.

Iben Arami, viajó por medio mundo en busca de todas las fuentes posibles del saber y conocimiento para llenarse de sabiduría.

Todos deberíamos  realizar un viaje interior en busca de nuestra  conciencia y otro exterior en busca del conocimiento de lo material y de lo diferente; o como decía San Agustín “la vida es un Libro, quién no viaja solo lee la primera página”.