
Este maestro vino a Sevilla cuando yo empezaba a adquirir el conocimiento de este noble Camino, hallé a alguien dedicado a la invocación (dhikr).
Dominaba los pensamientos (al-khawâtir) con su energía espiritual (him mah) y podía superar los obstáculos de la existencia con las palabras. Se le veía invocar en estado de pureza ritual, vuelto hacia la quiblah y casi siempre en ayunas.
Siempre que iba a verle, me recibía con estas palabras: “Bienvenido sea un hijo filial pues todos mis hijos han carecido de franqueza hacia mí y han renegado de mis favores, excepto tú que siempre los has recibido y que siempre te has mostrado agradecido por ellos. Allah no lo olvidará”.
Se entregaba mucho a la meditación y sus estados espirituales le proporcionaban mucha alegría y esperanza.
Abû Ja’far que decía: “El mundo es el lecho y los creyentes son los pilares, los creyentes son el lecho y los cognoscentes los pilares, los cognoscentes son el lecho y los profetas los pilares, los profetas son el lecho y los enviados son los pilares.
Sus estados espirituales eran intensos y las gentes del lugar estaban tan mal avenidas con él que uno de los notables de la comunidad llegó a hacerle desterrar. Así fue como llegó a nuestra casa en Sevilla.
«De bien nacidos es ser agradecidos».
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